Patricia Juzgado

Patricia Juzgado

Educadora Social, Guía Montessori

11 de agosto de 2022

La silla de pensar 

Qué veremos en este artículo:

  • ¿Para qué se usa actualmente la silla de pensar?
  • ¿Qué es realmente?
  • ¿En qué piensan los niños cuando están sentados en la silla?
  • La silla de pensar fue creada para los padres y para las madres
  • Respeto, amabilidad, firmeza y límites para criar y educar a una infancia sana

¿Para qué se usa actualmente la silla de pensar?

Desde hace bastantes años, está extendido el uso de la silla de pensar como método de “educación” para los niños y las niñas. Se emplea en muchas ocasiones: cuando pegan, cuando contestan a un adulto, cuando rompen algo, cuando no se “comportan” dentro del aula, cuando tienen algún desborde emocional o “rabieta”, etc. Todo comportamiento que consideramos que no es correcto, en vez de optar por otro tipo de herramienta, utilizamos la silla.

La silla de pensar

¿Para qué? Pues para que el niño piense en aquello que ha ocurrido, recapacite, se arrepienta, pida perdón y no vuelva a hacerlo. Así se lo hacemos saber: “ahora te vas a la silla de pensar para que te calmes y pienses en lo que has hecho”.

Es utilizada tanto en los hogares como en los centros educativos con el objetivo principal de que los niños y las niñas recapaciten. 

¿Qué es realmente?

En realidad, es una forma de castigo psicológico, porque obligamos a los niños a poner en práctica una capacidad que no tienen: reflexionar. Les estamos abandonando porque “han hecho algo que no deberían” y les hacemos que se sientan y lo pasen mal. 

Es otra forma de eliminar una conducta de la forma más rápida posible, a corto plazo, sin pensar en las posibles consecuencias que provoquemos. El ser humano está programado para obtener la recompensa al corto plazo, y queremos una herramienta que funcione de ahora para ahora, sea la que sea. Nos cuesta encontrar la motivación en algo que vaya a funcionar, pero a largo plazo, que requiera paciencia.

Un niño sentado en la silla lo que es seguro que no hará, será pensar en lo que ha ocurrido.

Pero no podemos olvidar que, tanto la crianza como la educación, se cuecen a fuego lento. 

¿En qué piensan los niños cuando están sentados en la silla?

Las pautas que nos dan profesionales de la educación para la utilización de la silla es que por cada año que tenga el niño, estará un minuto sentado. Así un niño de dos años, deberá estar sentado dos minutos pensando en lo que ha ocurrido. 

Entonces, nosotras las adultas, con nuestro cerebro completamente formado casi cuando tenemos treinta años, que somos las que disponemos totalmente de la capacidad de reflexión, vamos a ser quienes exijamos a los niños, que realicen este trabajo, obviando la cantidad de años que lleva adquirir la habilidad de reflexionar.

Solo funciona a ojos de quien busca que funcione, porque la realidad muestra que no, y que además incita a la culpabilidad y a la venganza.

Pensar, pensamos todas las personas del mundo, pero reflexionar no. Requiere práctica y años, y un cerebro que vaya respaldando la adquisición de habilidades. 

Entonces ¿en qué piensa una niña pequeña cuando la sentamos en la silla? Pues piensa en todo menos en lo que ha ocurrido. Quizá solo llore porque no quiere estar ahí y la hemos dejado sola, quizá no deje de preguntar cuánto le queda para poder levantarse, quizá se le vaya la vista al resto de sus compañeros si es que estamos en el aula, quizá se levante varias veces, quizá se quede mirando un punto fijo que le gusta, quizá empiece a mover las piernas adelante y atrás si es una silla alta y le cuelgan las piernas porque es pequeña, quizá agache la cabeza y la apoye entre las piernas, etc.

Porque un niño sentado en la silla lo que es seguro que no hará, será pensar en lo que ha ocurrido.

A veces ocurre que, cuando les vamos a levantar de la silla, somos los que ponemos las palabras en su boca: ¿Has pensando en…? ¿Lo vas a volver a hacer? Pide perdón ahora mismo.

A veces ocurre que nos dicen que funciona. Funciona si lo vemos desde el prisma de que para que un niño integre un aprendizaje hay que hacer que lo pase mal. Funciona desde el prisma de la comodidad y funciona desde el prisma de la ilusión.

La silla de pensar

Pero, solo funciona a ojos de quien busca que funcione, porque la realidad muestra que no, y que además incita a la culpabilidad y a la venganza.

Porque la silla de pensar fue creada para los padres y para las madres. Hemos sido nosotros, los que hemos distorsionado su uso con el paso de los años. 

La silla de pensar fue creada para los padres y para las madres

Hace ya unos cuantos años, el psicólogo estadounidense Arthur Staats, preocupado por las cifras tan altas que existían de malos tratos hacia los hijos e hijas, creó la famosa silla de pensar.

Él buscaba un método que hiciera recapacitar a los adultos, que les hiciera pensar, rebajar la ira y todas aquellas emociones que se despertaban en ellos, en los momentos en que sus hijos habían tenido una “conducta errónea”.

Buscaba frenar la reacción inmediata, invitar a la calma y a la reflexión a quienes verdaderamente podían hacerlo y lograrlo, con más o menos tiempo. Y esas personas, somos las personas adultas.

Un comportamiento no define a una persona, ni a un niño tampoco.

Consistía en que el padre o la madre, se quedara solo en ella silla, tomándose a su vez el hijo o la hija un tiempo fuera, con el principal y único objetivo de que no recurrieran a la violencia inmediata, la cual, hasta ese momento, primaba por encima de cualquier otra forma de educación en la mayoría de los hogares. 

Esto, verdaderamente tiene un sentido. Muchas veces recurrimos al estrés de la vida diaria, al cansancio o a problemas de cualquier índole, para poner justificar nuestras acciones. Mientras más cansados estamos, más problemas tenemos o peor día hemos tenido, se nos hace más difícil vivir el aquí y el ahora, estar calmados y proceder a hacer las cosas de mejor forma, con más conciencia.

La silla de pensar

Por lo tanto, la silla de pensar, buscaba proporcionar al adulto un rato a solas, para ejercer esa capacidad de reflexión que sí tienen y poder proceder así a solucionar la situación ocurrida, de la mejor manera para él y para su hijo o hija, sin violencia.

Respeto, amabilidad, firmeza y límites para criar y educar a una infancia sana

Con los años, ha ido teniendo lugar una variación hasta cambiar totalmente el fin y el destinatario del uso de la silla. Ahora son los niños quienes se sientan en ella y se buscan dos objetivos: el primero es que ellos piensen y el segundo es evitar “otras consecuencias” por parte de los adultos.

Jane Nelsen, una de las impulsoras y mayor referente internacional de la Disciplina Positiva y madre de 7 hijos, dijo: “¿De dónde sacamos la loca idea de que para que un niño se porte bien primero tenemos que hacerle sentir mal?”.

Esta frase seguramente nos invite a reflexionar a las personas adultas. La infancia en muchas ocasiones, está sometida a situaciones de vergüenza y totalmente irrespetuosas para-con ella. Para ofrecerles respeto, tratarles de igual a igual y poder conectar con ellos y su sentir, nos tenemos que colocar de forma horizontal donde padre e hijo, estén a la misma altura. 

Un comportamiento no define a una persona, ni a un niño tampoco. Antes de corregir, tenemos que conectar con ellos. Para llegar a esa conexión, tenemos que partir de la base de que un niño “no nos hace, no nos desafía, no nos pone a prueba”. 

Si movemos el foco del niño a nosotras mismas, es probable que esa luz, nos arroje un camino nuevo.

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