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La importancia de participar de forma activa en la educación escolar

La importancia de participar de forma activa en la educación escolar

Escrito por Laura Peón

11 de enero de 2022

“Mamá, papá, tenemos deberes”

¿Cuántas veces hemos escuchado como padres la frase “mamá, papá, me tenéis que ayudar con una tarea”? Es una de las más temidas hoy en día cuando nuestros hijos comienzan su etapa escolar. Y algunas de las respuestas más habituales son “pero ¿quién va al colegio, los hijos o los padres?” o “nosotros ya pasamos nuestra etapa de colegio, ¿por qué los profesores se empeñan en ponernos deberes ahora?”. Pues, aunque no lo creamos, tiene una explicación.

A los profesores les da igual si los padres sabemos o no hacer las tareas que demandan a los alumnos, la finalidad de estos deberes que, como padres debemos realizar con ellos, es otra.

Un pensamiento muy extendido es que, la educación, una vez superada la barrera de los tres años, es exclusivamente tarea de los docentes que “para algo van al colegio”. Este comentario es recurrente en los famosos grupos de padres. Sin embargo, ¿nos paramos a recapacitar en lo que pueden pensar nuestros hijos ante esa pasividad repentina por nuestra parte?

Cuando se habla sobre la relación que deben tener los padres con el colegio, el primer pensamiento va directo a las reuniones y tutorías entre padres y profesores. Sin embargo, este concepto va mucho más allá.

Además de padres, maestros

Desde su nacimiento, los niños y niñas pasan veinticuatro horas al día con sus progenitores, quienes se encargan de enseñarles todo cuanto van adquiriendo esos primeros meses de vida; estarán presentes cuando aprendan a comer, a gatear, a dar sus primeros pasos, a jugar, a decir sus primeras palabras. Serán los guías de todos esos procesos que van desarrollando y formándolos para la vida en sociedad. Ahora bien, ¿por qué dejar de hacer todo esto de golpe solo porque haya otra persona que se sume a su educación?

Tomando un ejemplo muy extendido en las relaciones entre padres e hijos: leer un cuento. Desde que son muy pequeños, son muchas las ocasiones en las que los padres utilizan el recurso de la lectura para afianzar lazos con los hijos. En el momento que los pequeños comienzan su etapa escolar, no nos planteamos la posibilidad de poner fin a esta rutina; seguimos leyendo cuentos con ellos sin pararnos a pensar que ya leen cuentos en horario lectivo, ¿verdad? Pues bien, deberíais saber que, sin que nadie nos lo imponga, con esa actividad ya estamos formando parte de la educación de nuestros hijos. 

Es un tiempo de calidad que se comparte con los pequeños y, a su vez, estamos formando parte activa de su educación pues, a leer, se aprende leyendo. 

Durante las horas que los niños y niñas son alumnos, los docentes se encargan de ofrecerles unas pautas para comenzar a leer, siguiendo con el ejemplo anterior. Obviamente, con esas pautas y con la ayuda exclusiva del profesor o profesora, los niños aprenderán a realizar esta tarea, pero es muy probable que lo hagan con menos gusto que aquellos que refuerzan esos conocimientos compartiendo esta actividad con sus padres. No hay nada que más le guste a un niño que pasar tiempo con mamá o papá

La relación de los padres con el colegio

Muchas veces, cuando se habla sobre la relación que deben tener los padres con el colegio, el primer pensamiento va directo a las reuniones y tutorías entre padres y profesores. Sin embargo, este concepto va mucho más allá.

Evidentemente, estos encuentros son fundamentales y son muchas sus ventajas tanto para los alumnos como para padres y profesores:

  • Mejoran el rendimiento académico: Su no existencia es una clara muestra de desinterés por parte de los padres hacia la educación de sus hijos, llegando estos a pensar que, lo mismo da esforzarse o no hacerlo, sacar buenas o malas notas…, si nadie se va a interesar por ello.
  • Ayudan a mejorar el comportamiento en el aula: El hecho de saber que en cualquier momento el docente puede informar del comportamiento de los alumnos a sus padres, puede ayudar a que los pequeños adopten una actitud más positiva. Aunque, en muchos casos, se utiliza erróneamente como amenaza, sin darnos cuenta de que, los niños viven el presente. Es mucho más efectivo un refuerzo positivo al finalizar la reunión que una amenaza previa del tipo “sabes que tu profesor/a me dirá cómo te portas…”
  • Detección de posibles problemas: Mantener el contacto de forma periódica puede ayudar a resolver conflictos de forma precoz, encontrando una explicación a posibles comportamientos inadecuados y buscando solución inmediata.
  • Ofrece tranquilidad tanto a padres como a tutores: En el caso de los primeros, saber cómo son los profesores que se encargan de la educación de sus hijos, genera seguridad. En el segundo, tener la certeza de que los padres están implicados en la educación de los alumnos, ofrece la tranquilidad de saber que no están solos en el proceso.

Es mucho más efectivo “mostrar” que “decir”. Si observan que papá y mamá muestran interés por todo lo relacionado con el colegio, ellos también manifestarán un mayor interés.

Claves para mejorar la relación familia-escuela

Nadie dice que, para formar parte de la educación de los hijos, sea necesario convertirse en uno más dentro del centro escolar, no es necesario, ni mucho menos. El único requisito es sacar tiempo para hacerlo. Con el ritmo de vida que llevamos, esto puede parecer un muro inquebrantable, sin embargo, si nos lo proponemos, es posible:

  • Ofrecerse voluntario para ir de acompañante en alguna excursión.
  • Acudir a festivales en los que nuestros hijos participen.
  • Formar parte de las actividades que los profesores propongan para desarrollar dentro del aula.
  • Ayudar en las tareas propuestas para realizar en casa. 

Y sobre este último punto, debo añadir un matiz: nunca debemos quejarnos delante de nuestros hijos, hay que dar ejemplo. No obstante, sé que es el momento en el que, el grupo de padres del móvil comienza a echar humo con comentarios del tipo “ya tenemos deberes para el fin de semana” o “como si no tuviésemos nada mejor que hacer”.

Y la pregunta es: ¿tenemos algo mejor que hacer que pasar tiempo con nuestros hijos? 

Beneficios de la colaboración

Especialmente en las etapas más tempranas, los niños y niñas sienten verdadera admiración por sus padres. No es raro ver a un niño o una niña vestido con la ropa de papá o mamá, imitando sus gestos o jugando a ser ellos.

Cuando estos pequeños comienzan su etapa educativa, pasan gran parte de su día en el centro escolar y si, además, los padres trabajan, el tiempo que comparten se ve mermado a la enésima potencia para ellos. La devoción de la que se habla más arriba no disminuye y por ello, lo que sucede es que aumentan las ganas de pasar más tiempo juntos.

Aquí es donde llega nuestro turno como padres. El hecho de participar en su educación va a generar:

  • Motivación: Que los padres se impliquen en la educación de sus hijos, va a provocar como respuesta el gusto de los pequeños por mantener esa actividad que los une.
  • Implicación: Es mucho más efectivo “mostrar” que “decir”. Si observan que papá y mamá muestran interés por todo lo relacionado con el colegio, ellos también manifestarán un mayor interés y, por consiguiente, estarán más implicados.
  • Seguridad y confianza: Salir del colegio y poder compartir lo que han aprendido, contar con alguien que los ayude con las tareas y con quien afianzar los conocimientos, va a generar una sensación de seguridad para enfrentarse a nuevos aprendizajes. Cuentan con un respaldo conocido y de confianza.
  • Éxito escolar: Todo lo mencionado anteriormente va a propiciar unos mejores resultados académicos.

Emplear ese poco tiempo que podemos rascarle a las veinticuatro horas que tiene un día en pasarlo con nuestros hijos es fundamental, especialmente si les demostramos que nos importa lo que hacen durante las horas en las que no estamos juntos.

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La educación sexual de nuestras hijas

La educación sexual de nuestras hijas

Escrito por Andrea López

21 de diciembre de 2021

La educación sexual de nuestras hijas

En junio de 2020 tuvo lugar Menstruita Power®, un encuentro virtual en el que mujeres de la talla de Marta Torrón, Anna Silva, Laura Cámara, Andrea Aguilar y Sylvia de Béjar entre muchas otras nos deleitaron con sus exposiciones sobre educación menstrual, sexual, emocional y feminista. Dirigido a madres con hijas pequeñas y adolescentes. Pero también a padres y a cualquier persona interesada en mejorar y trabajar en una mejor educación sexual.

Tuve el enorme placer de asistir y aprender muchísimo de las maravillosas ponentes que formaron parte de él. Compartiré con vosotros unas pinceladas de las charlas que tuvieron lugar porque me parecen imprescindibles para poder transmitir todo este conocimiento a nuestros hijos. Porque una educación sexual mejor es posible.

Recibimos una pobre educación sexual y por tanto hay cosas que tenemos que aprender para poder transmitirlas a nuestros hijos.

De dónde venimos

Los padres somos un modelo para nuestros hijos. De nosotros van a aprender, entre otras cosas, de sexualidad. Y es que, lo hagamos de forma consciente o inconsciente, ellos se van a llevar este aprendizaje desde casa.

Si en familia este es un tema tabú, del que apenas se habla, o si lo tratamos con culpa y vergüenza, quedará reflejado en nuestras niñas y niños influyendo en su mirada y aprendizaje.

Por el contrario, si tratamos el tema de forma honesta y sana, libre de viejos tabúes y represiones, les va a permitir un pleno desarrollo como personas, siendo capaces de conocerse.

Debemos pensar qué queremos para nuestros hijos; si perpetuamos viejos patrones aprendidos o si les damos la oportunidad de obtener un desarrollo pleno como individuos libres.

¿Qué podemos hacer como padres que quieren una mejor educación sexual para sus hijos?

Primero, reconocer que recibimos una pobre educación sexual y por tanto hay cosas que tenemos que aprender para poder transmitirlas a nuestros hijos.

Segundo, replantearnos cómo estamos viviendo nuestros propios procesos. Si, por ejemplo, vivimos nuestra propia menstruación con angustia y pesar así se lo transmitiremos también a ellos. Lo que más enseña no son las palabras sino la energía y el comportamiento de las personas.

Si como padres no nos encontramos cómodos con determinados aspectos de la sexualidad no vamos a ser capaces de transmitirles un mensaje positivo. Tenemos que estar conectados con nosotros mismos para poder dar.

Y tercero, tener claro que habrá preguntas que no seremos capaces de responder o bien por falta de conocimientos o bien por un “mal entendido” pudor. Ser conscientes que es difícil dar aquello que no se recibió. Y no sentirnos mal por ello.

Podemos decirles a nuestros hijos que no les podemos responder en ese momento porque tenemos que buscar la información o tenemos que aclarar unos aspectos con nosotros mismos. Y aplazar esa cita para más adelante. Pero mantener el compromiso con ellos de que volveremos con la información y herramientas que los puedan ayudar.

Y si de ninguna forma somos capaces de responderles acudir a ayuda externa. Podemos hacer algún curso de educación menstrual o educación sexual, entre otros, con expertos que nos eduquen. Lo podemos hacer solos, como padres, o con ellos.

Aunque estos cursos por supuesto podemos hacerlos igualmente como forma de conexión con nuestros hijos e hijas sabiendo que le estaremos dando una valiosa educación.

Los niños no deben tener miedo a descubrir su cuerpo y si lo tienen será porque los adultos se lo habremos transmitido.

Miedo al descubrimiento del cuerpo

Como padres debemos ser capaces de dar a nuestros hijos las herramientas necesarias que les permitan descubrir su propio cuerpo de una forma sana. Este descubrimiento es un hecho natural y es necesario que ocurra para llegar a la adultez de forma plena y libre.

Acompañarlos sin la mirada juzgante del adulto (fruto de la educación represiva recibida). Se hace necesario cambiar la mirada.

Tenemos la idea de que en la sexualidad hay muchos peligros, sobre todo de cara a las primeras relaciones sexuales (embarazos, enfermedades de transmisión sexual etc.)

El propio cuerpo no da miedo. Los niños no deben tener miedo a descubrir su cuerpo y si lo tienen será porque los adultos se lo habremos transmitido.

Empoderamiento sexual

En nuestra sociedad la figura de la mujer ha sido vista como “objeto de deseo”; con el papel reproductor y de satisfacción al hombre. Ella no es vista como “deseante” sino desempeñando un papel pasivo. A través del sexo cumplimos con el rol que nos han puesto.

Y es desde ahí desde dónde partimos para educar a nuestras hijas en la sexualidad. Replantearnos este rol como mujeres, como madres, para no perpetuarlo.

Animemos a nuestras hijas a que descubran su cuerpo por sí mismas, a que sean “deseantes”. El despertar sexual tiene que venir antes de ser compartido. Primero han de conocerse a ellas mismas para saber si quieren o no compartirlo con alguien. Esto las hará autónomas y capaces de decidir sobre su sexualidad. Les dará autoestima sexual.

Debemos transmitirles el mensaje de que en la sexualidad hay mucho poder, que su cuerpo es maravilloso y tiene que ser respetado. Ellas son las dueñas de sus cuerpos.

El placer debe depender de cuánto se conozca una persona a sí misma y de saber pedir lo que necesita. Saber pedir y recibir y no centrarse solo en el dar o satisfacer.

¿Cómo podemos acompañar a nuestras hijas?

Tenemos que tener claro que el despertar sexual se va a dar. Si no tenemos como padres un papel activo y dejamos su educación sexual en manos de la cultura y la sociedad, correrá el riesgo de dar como resultado una sexualidad mediocre, reprimida y violentada. Seamos conscientes de la sexualidad de nuestros hijos.

Marta y Cristina Torrón en su libro “Tu cuerpo mola” anima a las niñas a que no desdibujen su cuerpo, pues lo que no se nombra y no se toca deja de existir en su cerebro, se borra. Hemos de sentir el cuerpo físico de una forma normal y no distorsionada ya que puede acarrear problemas en el futuro.

Ella nos propone descubrirlo a través de la mirada, el movimiento, el tacto y el pensamiento.

El cuerpo ha de ser mirado permitiendo el autoconocimiento. Saber cómo es cada parte de nuestra anatomía nos dará seguridad en nosotros mismos.

Hay que moverlo, los músculos se atrofian si no se les da movimiento. El útero, la vagina, la musculatura del suelo pélvico necesitan ser sentidos y movidos.

Por supuesto, hemos de tocarlo. La autoexploración nos da una sabiduría insuperable sobre nuestro cuerpo pudiendo así predecir y anticipar enfermedades y anomalías, pero también identificar en qué momento del ciclo estamos, en qué momento del parto nos encontramos entre otras muchas cosas.

Y, por último, pero no menos importante, el cuerpo hay que pensarlo. Visualizar nuestros órganos internos especialmente nuestro útero, vulva, cuello uterino. Puede ser útil dibujarlo para darle consciencia.

Para mí, esta parte es fundamental, pues cuántas mujeres no son conscientes que tienen cuello del útero hasta que llega el momento del parto. Esa parte de nuestro cuerpo está ahí siempre y reconocerla nos aporta valiosa información, sobre nuestra salud y ciclos.

Conclusión

Hay muchísimos aspectos de la sexualidad que debemos aprender como padres. Tanto para aplicarlo a nosotros mismos como para enseñarlo a nuestros hijos. Para ello debemos hacer un trabajo previo sobre nuestra propia sexualidad y mirar con ojos críticos la perspectiva que tenemos sobre el tema. Solo así seremos capaces de abrirnos y poder transmitir de forma honesta y como ellos merecen.

El cambio de mirada es indispensable si queremos dar una educación sexual de calidad. Eduquémonos para educarlos.

Referencias

Torrón, M. Salvia, S. Aguilar A. y Cámara, L. (8-12 de junio de 2020). Menstruita Power®

 [ Resumen de sesiones del encuentro]. https://www.menstruita.com/

(Menstruita), T. C., & Torrón, M. (2021). Tu cuerpo mola (aprende a descubrirlo). MONTENA.

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Atrévete a inventarte un cuento

Atrévete a inventarte un cuento

Escrito por Armando Martínez

13 de diciembre de 2021

Atrévete a inventarte un cuento

La vida de los más pequeños suele ir acompañada de cuentos. En nuestra casa toca cuento en la cama, antes de dormir. Y ese momento, esos pocos minutos leyéndole a mi hija, pueden ser maravillosos o, porqué no decirlo, algo tediosos, dependiendo del cuento.

Hay cuentos que me sé de memoria. No solo porque los haya leído en decenas de ocasiones, sino porque están tan bien escritos y con un fondo y un mensaje tan bien trabajado, que te cautivan (vamos, que hay cuentos que me gustan más a mí que a mi hija). Pero también te encuentras con cuentos que no te dicen nada, incluso que pueden estar mal escritos o que resultan difíciles de leer. Es posible que tu hijo se encapriche de él y te lo pida todas las noches… Si eres madre o padre, seguro que sabes de qué te estoy hablando.

Pues un día, como otro cualquiera, mi hija me pidió que le leyera un cuento. Venía de varios días leyendo uno de esos que terminas aborreciendo, y decidí que esa noche no le iba a leer un cuento, le iba a contar un cuento. Un cuento que me iba a inventar sobre la marcha.

No tengas vergüenza a empezar y ver hasta dónde llegas. No tienes nada que perder.

El protagonista era “un bichito”, así que lo llamamos “el cuento del bichito”.

Cuando terminé de contarlo pensé “pues no me ha quedado mal”, pero mi sorpresa llegó al día siguiente, cuando mi hija me pidió que le volviera a contar “el cuento del bichito”.

Probablemente te parezca una tontería, pero que mi hija me pidiera que le contara el cuento que me había inventado para ella fue algo mágico. Significó mucho para mí, y quiero pensar que también para ella.

Unos días después decidí escribirlo, para que no se me olvidara. Lo fui trabajando, estructurando, haciéndolo rimado… El 13 de diciembre de 2021 el cuento del Bichito salió a la venta.

Nunca hubiera imaginado que el cuento que me inventé una noche, a los pies de la cama de mi hija, terminaría en las librerías a las que iba con frecuencia, buscando nuevos cuentos. Nunca hubiera imaginado la felicidad de ver que ese cuento que antes solo estaba en nuestra imaginación, ahora lo teníamos en nuestras manos. Con sus hojas, sus ilustraciones, y su bichito.

La experiencia ha sido tan bonita que he querido escribir este artículo, para animarte a que te inventes tu propio cuento. No hace falta que pienses ahora en crear un cuento para publicarlo (si te soy sincero, nunca fue mi intención). No se trata de eso. Te quiero animar a que aproveches el momento de contar un cuento para hacer algo ligeramente distinto. Haz equipo con tu peque, ¡y anímate a inventarte un cuento!

El proceso de creación puede ser muy bonito. Recuerdo que yo iba avanzando en el cuento y mi hija me iba interrumpiendo: “si se subió en la espalda del pajarito, ¿cómo podía volar?”, y así íbamos haciendo la historia nuestra: “pues tienes razón, mejor que se enganche a su patita, ¿verdad?”

Da igual si del cuento no se extrae ningún valor. El valor puede estar en el acto de crear y contar el cuento.

A ver, sé lo que me vas a decir, que no tienes imaginación, que no sabes por dónde empezar, que eso es muy complicado… y puede que tengas razón, pero piensa que nadie va a escuchar tu cuento, excepto tu hija o hijo, así que no tengas vergüenza a empezar y ver hasta dónde llegas. No tienes nada que perder.

Si te he convencido (y espero que así sea), aquí te dejo algunos trucos que yo apliqué con mi primer cuento, y que quizás podrían ayudarte.

1. Inspírate en situaciones reales de aprendizaje

Seguro que casi todos los días hay alguna posibilidad de enseñarle valores a tu hija o hijo. Es posible que no haya querido dejarle los juguetes a su amigo o hermano, o que haya sentido envidia por los juguetes ajenos, o haya hablado mal o gritado. Quizás no ha sido tu hija o hijo, pero ha sido algún amiguito.

Aprovecha el cuento para explicarle esos valores que quieres que tenga basados en la situación vivida.

2. A veces, todo es más fácil con animalitos (o plantas, o seres fantásticos)

Hay muchos cuentos cuyos protagonistas son personas. Pero, como no creo que seas escritora, o psicóloga infantil, muy probablemente te cueste menos utilizar a animalitos del bosque, o algún ser fantástico, como hadas o duendes. Es posible que si la protagonista del cuento es una niña, como tu hija, termines viéndola a ella y a sus amigas, y la imaginación se verá más limitada. Además, es más fácil recordar el cuento de “El pingüino que estaba triste”, que el de “La niña que estaba triste”, ¿no te parece?

3. La repetición ayuda a que sea más dinámico (aunque parezca lo contrario)

Otro truco que me funcionó muy bien fue el repetir palabras o expresiones. Si el protagonista de tu cuento pasa por ciertas situaciones parecidas, hará que sea más fácil de recordar y comprender. si, además, se repite cierta frase o expresión, todavía mejor. Por ejemplo, si nuestro personaje es un perrito torpe, es posible que en cada situación en la que se encuentre termine cayéndose. Si cada vez que se cae el cuento dice “y el perrito se cayó ¡catapún!”, la segunda vez que lo cuentes probablemente solo tengas que decir “y el perrito se cayó”, que la vocecita que te acompaña dirá “¡CATAPÚN!”.

4. Cierra bien la historia (o déjalo para mañana…)

Si tu cuento está basado en algún aprendizaje que quieres transmitir, piensa en cómo puede terminar de forma feliz y que transmita esa moraleja. Aunque creo que no hace falta decirlo, lo diré por si acaso: Si queremos que nuestra hija no cruce la carretera sin mirar, por ejemplo, nuestro cuento no puede ir de un cervatillo que se cruza (sin mirar) por delante de una estampida de elefantes y termina como Mufasa… El cuento tiene que dejar buen sabor de boca al niño para que quiera volver a escucharlo. Mensaje positivo siempre.

Pero, ¿qué ocurre si estoy improvisando con el cuento y no sé cómo cerrarlo? ¿o no sé cómo seguir avanzando en la historia? Pues en ese caso puedes no cerrar la historia. Simplemente recurre a “y hasta aquí el cuento por hoy, mañana seguimos con las aventuras de [ ]”. Este recurso te dará tiempo a pensar cómo puede seguir el cuento y encontrar un final apropiado.

5. No te olvides del objetivo principal: ¡pasarlo bien!

Que el cuento tenga moraleja te ayuda a crear la historia, sí, pero si no hay moraleja no pasa absolutamente nada. Da igual si del cuento no se extrae ningún valor. El valor puede estar en el acto de crear y contar el cuento.

Puede que tu cuento sea el peor de la historia para un crítico, pero si tu hijo te lo pide a la noche siguiente, no hay crítico que te quite ese sentimiento de plenitud.

Y si tu hijo no te vuelve a pedir el cuento, o te dice algo como “mamá, no me gusta el cuento del koala rapero, ¿me puedes leer uno de los de verdad?”, piensa que, aunque no tengas esa sensación de plenitud, aquella noche te libraste de leer otra vez el mismo cuento de siempre.

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“Los riesgos de no amamantar”

"Los riesgos de no amamantar"

Escrito por Andrea López

23 de noviembre de 2021

“Los riesgos de no amamantar”

“Tenemos derecho a elegir como usar nuestro cuerpo y no podemos (ni debemos) ser forzadas a amamantar, pero eso no significa que la evidencia sobre los riesgos de no amamantar deba ser censurada” 1

Es el deber moral de todos los que nos dedicamos al ámbito de la alimentación infantil el proporcionar la información más completa, real, actualizada y basada en las últimas evidencias y estudios científicos. 

Son las familias las únicas a las que les corresponde tomar la decisión de cómo alimentar a sus hijos pues conocen mejor que nadie sus circunstancias, entorno, posibilidades, disposición, etc.

Sabemos que estas decisiones no siempre las tomamos de una forma completamente independiente y, en muchas ocasiones, nos vienen impuestas por distintas circunstancias.

Pero ello no justifica que nos deban poner una venda en los ojos y aportar información errónea, a veces edulcorada o tergiversada, pues no es justo ni para las familias ni para la sociedad en su conjunto.

La actitud paternalista que suelen adoptar algunos profesionales de la salud con nosotros frente a temas de lactancia no hace otra cosa que perpetuar mitos y mala información. Propagándose esta por todas las áreas de nuestra sociedad.

Por ello debemos recordar que la Organización de las Naciones Unidas establece la lactancia materna como una cuestión de derechos humanos pudiendo evitar la muerte de unos 820.000 niños al año2.

Recomendación oficial

Tanto la Asociación Española de Pediatría, como la Academia Americana pasando por la Organización Mundial de la Salud y Unicef entre muchas otras recomiendan desde hace años la lactancia materna exclusiva (sin otros alimentos ni bebidas) durante los primeros 6 meses de vida, y junto a alimentos sólidos hasta los 2 años en adelante3.

Cuanto más larga sea la duración de la lactancia menos riesgo tendremos de desarrollar cáncer de mama y de ovario.

Sobrada evidencia

Es por ello que vengo a hablar de los riesgos que tiene el no recibir la leche humana. 

Hay sobrada evidencia que demuestra lo que a simple vista parece algo lógico; que los pechos son para amamantar y cuando no se cumple esta función puede acarrear una serie de consecuencias para la salud de la madre.

Expondré también los riesgos que conlleva para el bebé y que le acompañarán a lo largo de su vida adulta, así como los riesgos económicos, de seguridad y ecológicos que supone el prescindir de este preciado recurso.

Riesgos para la madre

Cuanto más larga sea la duración de la lactancia menos riesgo tendremos de desarrollar cáncer de mama y de ovario, obesidad, diabetes tipo 2, infarto de miocardio, síndrome metabólico, osteoporosis y artritis reumatoide entre otros4

La lactancia suprime la ovulación. Además, todo el mecanismo que pone en marcha la producción de leche va a modificar el tejido mamario con potenciales efectos a largo plazo previniendo de una transformación maligna. Estos efectos son protectores frente al cáncer de mama y ovario5.

Riesgos para el bebé

No recibir lactancia materna sino artificial conlleva para el bebé más riesgo de desarrollar infecciones en el tracto gastrointestinal y respiratorio, infecciones de pulmón y oído, obesidad, diabetes tipo 1 y 2, cáncer, fallecer por muerte súbita del lactante, asma, dermatitis atópica, ataque al corazón y tensión arterial alta, diarrea, enterocolitis necrotizante, cólicos y molestias de estómago, maloclusión dental y alteración de la flora bacteriana6

No solo estamos hablando de bebés que nunca han sido alimentados con leche materna sino también del impacto que tiene recibirla de vez en cuando pues sabemos que una sola dosis de fórmula modifica la flora intestinal durante al menos un mes. Esto conlleva un desarreglo y alteración en la mucosa y puede dar lugar a alergias tanto en la niñez como en la adultez7.

Veamos entonces el biberón que nos ofrecen en el hospital en las horas siguientes a dar a luz con otros ojos. Pues mientras “esperamos a que suba la leche” estamos ofreciendo al bebé algo que lo pondrá en riesgo de alterar su microbiota y desarrollar alergias en toda su vida. 

Riesgos para la lactancia

Vemos que ofrecer al bebé leche de fórmula cuando no es necesario lo pone en riesgo a él, pero también pone en peligro la lactancia afectando negativamente a su duración. 

Con el biberón el bebé no está en control de lo que come produciéndose una sobrealimentación.

Así, la producción de leche puede verse afectada pues el bebé se está saltando tomas al pecho de forma que se va a ir produciendo menos leche cada vez.

Otro factor que afecta a la lactancia es el patrón del bebé de succión al pecho. La succión que realiza al extraer la leche de una tetina nada tiene que ver con la forma en la que succiona el pecho. El lugar donde va situado el pezón dentro de la boca es diferente al lugar donde se coloca la tetina haciendo que todos los músculos trabajen de forma distinta.

Esto puede crear una confusión entre la tetina y el pezón mostrando el bebé una preferencia por la tetina pues la leche del biberón tiene un flujo más rápido y le cae sin hacer esfuerzo. Sin embargo, para sacar la leche del pecho tiene que hacer más esfuerzo. Esto que, a simple vista, puede parecer una ventaja no lo es en absoluto si pensamos que con el biberón el bebé no está en control de lo que come produciéndose una sobrealimentación lo que lleva a generar futuros problemas de obesidad. Aparte de no permitirle desarrollar correctamente su musculatura orofacial.

Riesgos económicos

Pasemos a ver ahora como afecta el no dar el pecho a nivel económico.

A nivel laboral se produce un mayor absentismo por padecer más enfermedades los niños no alimentados con leche materna. Esto conlleva un aumento de costes sanitarios; por el número de visitas sanitarias y por el coste para el hospital en latas de fórmula y biberones.

El gasto que suponen estas latas es mucho mayor que el gasto en alimentación variada y equilibrada que hace una madre lactante8.

Riesgos ecológicos

La leche materna es de los pocos alimentos que se entregan al consumidor sin contaminación, envase innecesario, ni desperdicio. Siendo el alimento más amigable con el medio ambiente, produciendo cero gases efecto invernadero, cero huellas hídricas y de carbono. Al contrario de lo que ocurre con la producción y manufactura de la leche artificial.

Así, tal y como fue expuesto en la Semana Mundial de la Lactancia Materna en 2016, “es clave para el desarrollo sostenible”9.

Riesgos de seguridad

Por último y no menos importante repasemos los riesgos de seguridad alimentaria que conlleva la lactancia artificial.

El hecho en sí de preparar biberones conlleva un riesgo para la salud si no se hace correctamente.

La leche en polvo no es estéril por lo que se debe hervir el agua para la preparación.

Por un lado, si no se mezcla el polvo y el agua en las cantidades que se indican en la lata el bebé puede desnutrirse si se rebaja el polvo. Y el caso contrario, echar más cantidad de polvo tampoco es recomendable ni el bebé va a estar mejor alimentado.

Por otro lado, si no se llevan a cabo las medidas de higiene pertinentes (lavado de manos, agua potable, utensilios limpios, etc.) se ofrecerá una leche contaminada teniendo fatales consecuencias para la salud del bebé.

La leche en polvo no es estéril por lo que se debe hervir el agua para la preparación, incluso la embotellada, ya que el sistema inmunitario de estos bebés está menos desarrollado siendo más susceptible a infecciones10.

Se han dado casos de contaminación de las latas de fórmula y la leche en polvo en sí. En numerosas ocasiones estos productos han tenido que ser retirados del mercado por contener trazas de salmonela, melamina, niveles excesivos de cobre, hierro y zinc, así como la bacteria enterobacter sakazakii 11

Conclusión

Como hemos visto son numerosos los riesgos que conlleva el prescindir de la leche materna y necesitamos de una mayor implicación de todos los agentes sociales con el fin de proteger la salud de los bebés y sus familias.

Y, es que la lactancia materna no pertenece solamente a madres y bebés.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Palmer, G. (2015). The politics of breastfeeding. Pinter & Martin.
  2. La lactancia materna debe considerarse como una cuestión de derechos humanos para madres y bebés. (2016) Noticias ONU. Naciones Unidas. Recuperado de: http://www.news.un.org
  3. World Health Assembly Resolution 54.2, 2001.
  4. Information for breastfeeding families. (s.f) Risk of not breastfeeding. Lactation training. Recuperado de: http://www.lactationtraining.com
    Stuebe, A. (2009) The risk of not breastfeeding for mother and infants. Reviews in  Obstetrics & Ginecology, 2(4), 222-231.
  5. Information for breastfeeding families. (s.f) Risk of not breastfeeding. Lactation training. Recuperado de: http://www.lactationtraining.com
    Stuebe, A. (2009) The risk of not breastfeeding for mother and infants. Reviews in  Obstetrics & Ginecology, 2(4), 222-231.
  6. Information for breastfeeding families. (s.f) Risk of not breastfeeding. Lactation training. Recuperado de: http://www.lactationtraining.com
    Stuebe, A. (2009) The risk of not breastfeeding for mother and infants. Reviews in  Obstetrics & Ginecology, 2(4), 222-231.
  7. Walker, M. (2014) Formula Suplementation of the Breast Infant Assault on the gut microbiome. Clinical Lactation.
  8. Paricio, J.M. (2016). Riesgos de no amamantar: ecológicos, económicos y de salud. Apilam. Recuperado de: http://www.apilam.org
    Linnecar, A. (1989) Breastfeeding ecology with love. World breastfeeding week. Recuperado de: http://www.worldbreastfeedingweek.net
  9. Lactancia materna: clave para el desarrollo sostenible. (s.f). Campaña de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2016. Organización Panamericana de la Salud. Recuperado de: http://www.paho.org
  10. AEPap, ”Familia y salud”, Lactancia artificial. Enrique Criado Vega y Manuel Merino Moína, pediatras Centro de Salud El Greco (Getafe). Madrid. Disponible en: http://www.aepap.org
  11. IBFAN, Productos retirados del mercado 2007-2008.

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Navidad is coming

Navidad is coming

Escrito por Eduteco

15 de noviembre de 2021

Navidad is coming

Se acerca la Navidad y los niños lo saben. Empiezan a ver la decoración en las tiendas, los escaparates de juguetes están a rebosar y algún vecino ya se ha puesto manos a la obra con las luces de Navidad en su balcón. Si, desde principios de noviembre. Y, por si no fuera suficiente, empezamos a tantearlos con «¿qué quieres que te traigan los Reyes o Papá Noel?».

Que llega la Navidad no es un secreto para ellos. En cambio, el “cuándo” les cuesta más. Y es que en sus cabecitas, si decirles “mañana” parece una fecha lejana, imaginaos convencerles de que aún quedan 24 días. Si es una de sus primeras navidades ni siquiera conocerán ese número.

Es por ello que, cada vez, se hace más popular iniciar un Calendario de Adviento el día 1 de diciembre. Para los peques la espera será algo más tangible y descubrirán que reciben una sorpresa cada día, o incluso dos.

Hay varios tipos de Calendarios de Adviento:

  • Chocolate: el más popular. Se venden en supermercados y no tiene ningún misterio, tiene 24 casillas y cada una contiene una chocolatina.

  • Personalizado: sólo apto para madres o padres con mucho tiempo libre, aunque será, sin duda, el más especial para los peques. Se trata de hacer tú mismo todo el calendario, desde las cajitas o bolsas con los números que se pueden comprar ya hechas, hasta las sorpresas que encontrarán dentro de cada una de ellas.
    La idea es hacer actividades adaptadas a la edad de cada niño como, por ejemplo, colorear un árbol de Navidad y utilizar Gomets. Otra que suele gustar es confeccionar sus propias bolas de Navidad.
    Con materiales que podéis encontrar en cualquier bazar, podéis ir alternándolo con alguna chocolatina, un juguete que compréis o incluso algún plan navideño en familia. Este Calendario de Adviento es el que más tiempo te llevará, si. Pero también el que más recordará.
  • Temáticos: estos son los últimos que han aparecido, y que no conocíamos. Son Calendarios de Adviento que puedes comprar y pueden tratar sobre cualquier tema: Peppa Pig, Bebe LLorones, LEGO o cualquier otro tema que le guste a tu hijo. Estos son algo más caros.

  • Para niños grandes: la ilusión navideña se va difuminando con la edad, pero cuando llegan niños a casa el entusiasmo de los padres se recupera con más fuerza. Estos Calendarios de Adviento los hay de maquillaje, cerveza o comida. En resumen, cualquier cosa que pueda meterse en una caja.

A continuación, una pequeña selección de los mejores Calendarios de Adviento 2021:

“Mi calendario de adviento” de Peppa Pig.

Cuenta con Peppa y George los días que quedan para la Navidad. Descubre un minilibro sorpresa detrás de cada ventana y... ¡Un cuento especial para Nochebuena!¡Hay 24 emocionantes aventuras que vivir!

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BEBÉS LLORONES LÁGRIMAS MÁGICAS Calendario de Adviento de Rosie

Ya todos conocemos estos bebés y la fascinación que tienen nuestros peques con ellos. 1 muñeca + 1 mascota + 33 accesorios. No hay mucho más que añadir. Éxito seguro.

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16 animales y 8 objetos de entorno. Cada día descubrirá un objeto nuevo.Podría mejorar si fuese un mapa del mundo en vez de un zoo… y solo dejaría como sorpresa los animales, a ver como le dices a tu hijo o hija que hoy le ha tocado una piedra de plástico. ¿Qué sonido hace una piedra?

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Cajas de papel vacías para poder hacer tu calendario personalizado.

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¿Qué es y qué ventajas tiene la educación en positivo?

El “muy bien” está de moda

Escrito por Laura Peón

9 de noviembre de 2021

¿Qué es y qué ventajas tiene la educación en positivo?

A menudo, las familias no son conscientes de la cantidad de veces a lo largo del día que pueden llegar a perder los papeles con respecto a la educación de sus hijos. Cuando los hermanos se pelean, cuando alguno se porta mal, cuando se les olvida sacar un libro para hacer la tarea, cuando no recogen los juguetes… Son tantas las ocasiones en las que los nervios de los padres son provocados por situaciones cotidianas que pueden sacarte de tus casillas, que a veces se hace de una forma mecánica, sin ser consciente de que lo que está sucediendo es que se ha caído en una rutina en la que, los pequeños hacen algo mal, sus padres los regañan y hasta la siguiente vez que vuelva a suceder lo mismo. 

Pues bien, si habiendo leído hasta aquí alguien se ha sentido identificados con la situación, es hora de cambiar la estrategia y empezar a darle la mano a la posibilidad de educar en positivo.

Muchas personas asocian el hecho de educar en positivo con la idea de dar premios a los pequeños cada vez que hacen algo bien, y este no es el verdadero significado de este concepto.

Con la educación en positivo se pretende enseñar con la misma firmeza, pero hacerlo transmitiendo calma y amabilidad, reforzando siempre los comportamientos y actitudes positivas de nuestros hijos y corrigiendo los malos comportamientos de un modo pacífico y sin dramas.

Esto no quiere decir que debamos ignorar los malos comportamientos y centrarnos únicamente en lo que hacen bien. Evidentemente, los niños, son niños, con todo lo que conlleva; van a seguir cogiendo rabietas cuando no se salen con la suya, van a continuar siendo desordenados en ocasiones y los despistes son inevitables. Lo son incluso para los adultos, admitámoslo. 

Ahora bien, ¿cómo podemos entonces llevar a cabo una educación en positivo?

No hay nada que motive más a un niño que el simple reconocimiento de haber hecho algo bien.

En primer lugar, es importante que los adultos tomemos conciencia. Es muy fácil perder los nervios, es casi como un acto reflejo, de modo que lo primero es cambiar la mentalidad, abrirla a esta nueva posibilidad y prohibirse perder los papeles a la primera de cambio. Si en nuestro hogar, el régimen de los gritos y los castigos ya estaba instaurado, este cambio de registro lleva su tiempo, tanto para los adultos como para los pequeños. 

Cuando estemos convencidos de comenzar a aplicar esta disciplina con nuestros hijos, vamos a comenzar con lo fácil: premiar un comportamiento positivo. 

Hacer referencia a premiar, no significa que cada tarea que el niño haga bien debamos reforzarla con un regalo material. Ni es necesario ni es conveniente gastarse dinero para educar, lo único que conseguiríamos de este modo es reforzar el egoísmo y el consumismo. Un premio puede ser una palabra, una frase, un abrazo… No hay nada que motive más a un niño que el simple reconocimiento de haber hecho algo bien. 

Si tomamos como ejemplo el caso de niños despistados que, de cada cinco días, tres olvidan sacar los libros para hacer la tarea, seguramente estén acostumbrados a escuchar frases como “¿otra vez has olvidado sacar el libro?”, “eres un desastre”… Lo que se consigue con esto es generar frustración en los pequeños; se acostumbran a ello y de nada sirve repetirlas una y otra vez. Sin darnos cuenta hemos creado la rutina de: “Yo no saco el libro, papá o mamá me regaña y se acabó”. No van a mostrar ningún interés por corregir esta conducta, llega un momento en el que les da igual porque ellos mismos asumen que “son un desastre” y se escudan en ello.

Si cambiamos esta práctica por otra de aliento, se va a reforzar esa motivación que los pequeños necesitan para seguir haciendo bien las cosas. Siguiendo con el ejemplo del libro, el día que sí que lo saca es cuando debemos poner énfasis en la tarea bien hecha y utilizar frases que le animen a seguir haciéndolo como “muy bien”, “¿ves como sí que puedes hacerlo?”, “genial, mañana lo vas a hacer igual de bien que hoy”… Con estas sencillas palabras vamos a evitar el desánimo y se va sustituir por la confianza que necesita para continuar por ese camino, reforzando su propio afán de superación.

Además, cuando veamos que los pequeños siguen con ese hábito y pasan varios días realizando con éxito la tarea, podemos aumentar el refuerzo con algo que les guste hacer, cosas sencillas, pero que les haga ver que el esfuerzo y un trabajo bien hecho conlleva una recompensa. “Muy bien, llevas toda la semana sin olvidar el libro, el fin de semana podemos ver una peli que elijas mientras cenamos”.

…mantener una actitud de calma, intentando debatir pacíficamente con ellos, utilizando frases como “si me gritas, no puedo entenderte”

Es importante utilizar siempre frases en positivo para reforzar las conductas o las actividades que queramos que los niños adquieran. Es más útil decir si recoges los juguetes, podremos ir un rato al parque”, a decir si no recoges los juguetes, no podremos ir luego al parque”. En el primer caso se plantea una meta a lograr y, en su afán por alcanzarla y sentirse “ganadores”, van a poner empeño en realizar la tarea. En el segundo caso, en la misma frase ya va implícita la palabra no y nada hay que menos le motive a un niño que este monosílabo, con lo cual, sin darnos cuenta, estamos generando ese rechazo hacia lo que les proponemos.

Y llegados a este punto, ¿qué hacemos con los comportamientos negativos? Algo sencillo de decir, pero complicado de poner en práctica: no caer en sus exigencias y mantener una actitud de calma, intentando debatir pacíficamente con ellos, utilizando frases como “si me gritas, no puedo entenderte”.

En el caso de las rabietas, tan típicas cuando no consiguen lo que se proponen y que pueden sacarnos de quicio a los adultos, debemos tener presente que se trata de llamadas de atención. Si, como padres, nos ponemos a su altura, estamos adquiriendo su mismo comportamiento y los niños son los mejores imitadores del mundo. Si un niño o niña grita para conseguir lo que quiere y nosotros hacemos lo mismo para conseguir que paren, nos estamos comportando del mismo modo que lo están haciendo ellos. Conclusión, “si mamá o papá gritan para que yo me calle, yo grito para conseguir lo que quiero”. Por el contrario, si gritando comprueban que no consiguen salirse con la suya, llegará un momento en el que ellos mismos sean capaces de comprender que no se consigue nada de ese modo.

Muchas veces, las rabietas llevan a algo más que palabras. En el caso de edades más tempranas, es su modo de mostrar su frustración, si lo dicen una vez y la respuesta del adulto no es lo que desean escuchar, la rabia sale sola. Por ejemplo, no les apetece recoger los juguetes y comienzan a darles patadas. Eso podría enervar a cualquier padre, comenzar una batalla verbal y acabar con el niño castigado y con su objetivo cumplido de no recoger porque al final es el adulto quien lo hace. Si, por el contrario, les sacamos unos minutos de la habitación, esperamos a que se tranquilicen y después hacemos que recojan lo que han tirado sin más dramas,  comprenderán que de nada sirve ese comportamiento, no han conseguido lo que pretendían.

Para acabar, y volviendo a las palabras positivas, es imposible que un niño no se equivoque, lo hacemos los adultos, pero es mejor hacerle ver su error ofreciéndole otro punto de vista que haciendo hincapié en que lo ha hecho mal. Es mucho mejor un “prueba a hacerlo de este modo” que un “está mal, hazlo bien”.

Si como adultos nos gusta ser valorados, en nuestro trabajo, en nuestra familia… En la infancia esa valoración es aún más importante, sobre ella recae el peso de la personalidad que se forjará en un niño.

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La lactancia no tiene beneficios

"La lactancia no tiene beneficios"

Escrito por Andrea López

28 de octubre de 2021

«La lactancia no tiene beneficios»

En el paradigma actual de la lactancia esta se nombra como beneficiosa para la salud tanto de la mamá como del bebé. Efectivamente, la lactancia es el mejor alimento que el bebé puede recibir tal y como establecen todos los organismos internacionales amparándose en los numerosos estudios que así lo demuestran. El consenso a nivel mundial es claro al respecto. Pero veremos porque presentar la información de otra forma nos llevaría a promocionar la lactancia en un mejor sentido y así reflejar su verdadera importancia. 

Entonces, ¿no hay que hablar de beneficios? 

Por supuesto, hay que nombrar las propiedades que tiene, pero desde el enfoque de “la carencia” y no desde “lo añadido”. Para entenderlo mejor: cuando aportamos información sobre las ventajas o beneficios de la lactancia estamos dando a entender que si elegimos esta forma de alimentación vamos a obtener unas ventajas añadidas. Intentan convencernos para elegir la lactancia frente a la fórmula lo que pone de manifiesto la existencia de dos formas de alimentación equiparables. 

Como comentamos en el artículo ”Daré el pecho si puedo” la leche materna no se asemeja a ninguna otra leche, ya sea de otro mamífero y mucho menos a la fabricada por un laboratorio, por lo que dar a entender que hay dos formas de alimentación comparables no sería apropiado.

Haciendo esto también estamos fomentando una competencia que no debería existir.

Además, hablar de ventajas nos conduce automáticamente a pensar en desventajas, ¿desventajas de dar el pecho? o ¿desventajas de la alimentación artificial?

En cuanto a beneficios ocurre lo mismo con la dicotomía lo que nos lleva a pensar en riesgos. Hablamos normalmente de beneficios de la lactancia, pero ¿dónde están los beneficios de la lactancia artificial sobre la materna? ¿y los riesgos de la lactancia materna? ¿Qué ocurre con los riesgos de la lactancia artificial?

Démosle su lugar

Partamos de la base de que la leche materna es especie específica, es decir, es la adecuada para nuestra especie. Nos cuesta echar la vista atrás y parece que toda la vida hayamos estado bebiendo leche de vaca, pero nada más lejos de la realidad.

Las vacas, como ya sabemos, no son de nuestra especie por lo que no podemos dar por hecho que la principal leche que recibamos sea de ellas. ¡Son mamíferos igual que nosotros, pero no son humanas!

La fórmula es un preparado estéril elaborado con leche de vaca en polvo con vitaminas y minerales añadidos mientras que la leche materna es un fluido vivo que se encuentra en constante cambio (incluso a lo largo del día) teniendo propiedades que han sido imposibles de replicar en laboratorio.

Que, en los últimos doscientos años desde que se inventó haya ganado terreno posicionándose como casi única opción, no quita que la leche materna sea la idónea y adecuada para el ser humano. 

Con la leche materna no vamos a obtener beneficios añadidos sino lo propio para un crecimiento óptimo.

Como especie humana hemos recibido desde el origen de los tiempos leche materna y es la que nos ha hecho sobrevivir llegando hasta nuestros días. 

Partiendo de ahí podemos entender por qué la lactancia no tiene ventajas ni beneficios ya que “simplemente” es nuestra leche y por ello atendiendo a nuestra biología es con la que mejor nos vamos a desarrollar.

Por consiguiente, no vamos a obtener beneficios añadidos sino lo propio para un crecimiento óptimo. Al contrario, si no recibimos leche materna vamos a asumir unos riesgos que nos van a acompañar a lo largo de nuestra vida.

La lactancia nos protege

Es por ello que se debe hablar de los “Riesgos de no recibir leche materna” o bien de los “Riesgos de las alternativas a la leche materna”.

Haciendo esto nos beneficiamos todos. Ya que estamos situando a la lactancia en su lugar real y estamos aportando la información completa siendo muy necesaria para poder tomar una decisión informada.

Se puede entender mejor con este ejemplo: dando el pecho no vas a ver reducido el riesgo de desarrollar cáncer de mama, sino que no dándolo vas a ver incrementado el riesgo de sufrirlo. Dicho de otra forma, la lactancia nos protege frente al cáncer de mama y si no lactamos estamos más expuestos a desarrollarlo.

Es nuestro deber protegerla a ella

Una vez queda claro el papel vital para nuestro desarrollo que tiene la leche humana es necesario trabajar para proteger este, a veces denostado, recurso.

La lactancia es, por tanto, una cuestión de salud pública tal y como lo vienen proclamando numerosos organismos entre los cuales se encuentra la Organización Mundial de la Salud y Unicef. En 2016 la revista médica The Lancet publicó una serie de documentos en los cuales establece que se deben aumentar las tasas de lactancia para el 2030 ya que esta salva vidas.

Sin embargo, ningún país está cumpliendo con las medidas recomendadas para la inversión económica y la implementación de políticas que ayuden de una forma efectiva a las personas que deseen amamantar.

Son los gobiernos de los distintos países los que tienen que invertir en políticas y programas que protejan a la lactancia materna tal y como se ve reflejado en el eslogan de este año de la Semana Mundial de la Lactancia Materna: proteger la lactancia materna, una responsabilidad compartida.

Entre los objetivos anuales que La Alianza Mundial para la Acción de la Lactancia Materna (WABA) establece nos encontramos con algunos como estos:

  • Informar a las personas sobre la importancia de proteger la lactancia materna: la educación a la población es fundamental. No solo las madres o personas que por el momento vital en el que están viviendo les interese conocer la información, sino que cualquier persona independientemente de su edad debe conocer que la leche humana salva vidas y que es el alimento óptimo del ser humano. Del mismo modo que todos sabemos que es necesario beber agua para mantenernos hidratados y que tendremos problemas de salud si no lo hacemos. 
  • Anclar el apoyo a la lactancia materna como una responsabilidad vital de salud pública: y es que los profesionales de la salud deben estar correctamente actualizados y aportar en su práctica con las madres y personas que deseen lactar un apoyo adecuado que lleve al buen funcionamiento de la lactancia.

Conclusión

Podemos decir entonces que no se trata de proclamar las bondades de la lactancia, sino que hay que ir mucho más allá siendo un importante tema pendiente en las agendas de los gobiernos en el que hay muchos agentes implicados. Entre ellos nosotros, como ciudadanos para que empecemos a ver la lactancia de otra forma, no residual como hasta ahora, sino vital, de salud pública.

BIBLIOGRAFÍA

Breastfeeding: a missed opportunity for global health (2017). The Lancet. Recuperado de http://www.thelancet.com

Proteger la lactancia materna: una responsabilidad compartida. (s.f). Campaña de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2021.Organización Panamericana de la Salud. Recuperado de http://www.paho.org

Objectives. (s.f) . World Breastfeeding Week. Waba. Recuperado de https://www.waba.org

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«Daré el pecho si puedo»

"Daré el pecho si puedo"

Escrito por Andrea López

8 de octubre de 2021

¿Por qué dudamos de la capacidad de amamantar?

Cuando una mujer está embarazada y le preguntan si dará el pecho a su bebé la respuesta que nos encontramos habitualmente suele ser esta: “Daré el pecho si puedo”. Es una respuesta dubitativa, tenemos intención de dar el pecho, pero no estamos seguras si vamos a poder llevarlo a cabo satisfactoriamente. Estamos dudando de nuestra capacidad y, no nos produce excesiva preocupación el no poder hacerlo porque conocemos alternativas a la leche materna.

Y es que esta respuesta no es casual, al contrario, dice mucho del momento social en el que vivimos y enmarca dónde se encuentra situada la lactancia hoy en día.

Si le hacemos esta misma pregunta a los miembros de una tribu que conserva sus costumbres y cultura su respuesta sería muy distinta. ¿Por qué iban a dudar de la capacidad que la naturaleza les ha dado para alimentar a sus hijos? ¿Cómo sobrevivirían entonces? Sería un planteamiento incompresible para ellos y quedaría totalmente fuera de contexto.

Casi el 74% de las madres dan pecho a su bebé de 6 semanas mientras que sólo el 39% lo sigue haciendo a los 6 meses de edad.

Entonces, ¿por qué nosotros que, si bien no tenemos las mismas condiciones de vida que los miembros de la tribu, pero compartimos con ellos biología y anatomía dudamos de nuestra capacidad para amamantar?

Hagamos un repaso por los distintos factores que nos han llevado a ello.

Según la última Encuesta Nacional de Salud de España del 2017 casi el 74% de las madres dan pecho a su bebé de 6 semanas mientras que sólo el 39% lo sigue haciendo a los 6 meses de edad. Recordemos que la Organización Mundial de la Salud establece la duración de la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida del bebé, hasta el año como alimento principal y su continuación hasta los dos años como mínimo.

Como estamos viendo las estadísticas reflejan que muchas lactancias se van quedando por el camino y no se está consiguiendo una duración óptima de ella. De las lactancias que superan los 6 meses de edad ni siquiera hay datos.

Afortunadamente la leche artificial ha ido mejorando su formulación y gracias a vivir en un país desarrollado, donde en la mayoría de los casos las condiciones higiénicas son seguras para preparar estas fórmulas, muchos bebés han podido sobrevivir y beneficiarse de ellas. Pero ¿hasta qué punto debemos considerarla como la alternativa predominante?

Cuando una madre dice “Intentaré darle pecho y si no puedo usaré la fórmula” está mostrando la lactancia artificial como la opción segura y permanente quedando la lactancia materna en un plano residual.

La fórmula que en un principio se ideó para ser usado como si de un medicamento se tratase pasó a producirse en masa y a comercializarse en superficies comerciales llegando así a la población general.

El planteamiento de su uso lógico y razonable para las madres que quieren dar pecho sería algo así como “Le daré pecho y si fuese necesario por recomendación médica recurriré a ella en un momento determinado y puntual”. Pues estaría más en concordancia con el uso real de esta que no es otro sino para situaciones médicas.

Como es legítimo que cada familia decida sobre la forma en la que quiere alimentar a su bebé aquellas que opten por la lactancia artificial tienen el derecho a recibir información imparcial y no sujeta a intereses comerciales con el fin de poder tomar una decisión informada.

¿Qué nos ha llevado a pensar que la fórmula es una opción igual de válida a la leche materna?

El gran interés de las compañías de leche de fórmula en vender sus productos a través de millonarias campañas de marketing nos ha hecho creer que el producto es una alternativa comparable a la leche materna. El objetivo de estas campañas ha sido desde familias a profesionales sanitarios pasando por todos los sectores de nuestra sociedad. Así, no es de extrañar que a la respuesta de: “Daré el pecho si puedo” se le añada esta coletilla, “Y si no, no pasa nada porque con biberón se crían igual”.

Atribuir a la leche de fórmula propiedades similares a la leche materna y promocionarla como una alternativa igual de válida es algo que llevan haciendo estas compañías durante décadas y que afortunadamente ahora está prohibido por ley.

Aun así, ya sabemos que cuando un argumento falso se repite muchas veces y se mantiene en el tiempo acaba considerándose cierto. Y esto es lo que se ha transmitido hasta nuestros días.

La cultura del biberón

Estamos inmersos en la cultura del biberón y todo lo que nos rodea va encaminado a la lactancia artificial. ¿Cuántas muñecas habéis visto que vengan con sus discos de lactancia o su extractor de leche? ¿Cuántas Barbies vienen equipadas con su sujetador de lactancia y con un bebe con la boca bien abierta para hacer un buen acople al pecho en vez de con un agujerito en la boca para insertar un biberón o una chupeta?

En series y películas no se dejan ver muchos pechos lactantes y por la calle, aunque cada vez es más habitual ver bebés tomando pecho, no es usual verlos más allá del año.

Aún hay muchos profesionales desactualizados en la materia, aunque afortunadamente este número va en descenso.

Son muchas las madres que el primer bebé al que han visto amamantar ha sido el suyo. Y es que no hemos crecido viendo a los niños mamar de la teta de sus madres.

¿Cuántas madres al ir a su médico por un problema de lactancia este les ha valorado una toma viendo si su bebé estaba correctamente colocado al pecho y si la transferencia de leche era buena? Lo habitual es que ante cualquier problema se pase por alto la lactancia y se recomiende leche artificial pues por desgracia aún hay muchos profesionales desactualizados en la materia, aunque afortunadamente este número va en descenso.

Los eslóganes publicitarios de las compañías de fórmula: “Similar a la leche materna”, “40 años de investigación en lactancia materna”, “todo lo que tú bebé necesita”, hacen que sigamos considerando sus productos como una parte necesaria en la alimentación infantil.

Molestar al bebé que se halla plácidamente dormido con el pecho en su boca para hacerlo eructar religiosamente después de cada toma también es una costumbre traída de la época de nuestras madres y abuelas en las que el biberón era el protagonista.

Al igual que de nuestro entorno no solemos recibir la ayuda adecuada, por parte de nuestros empleadores la situación no es mucho mejor. Escasa duración de las bajas maternales, inferiores a los 6 meses que determina la OMS para la lactancia exclusiva, hacen que si no se había abandonado antes la lactancia por otros motivos se nos plantee hacerlo tras la incorporación al mundo laboral debido a las rigideces que se imponen.

La presión del entorno

Es por ello que la respuesta “daré el pecho si puedo” cobra más sentido que nunca en todo este contexto. No porque biológicamente no tengamos capacidad para ello, que si la tenemos como mamíferos que somos y como especie que ha sobrevivido hasta nuestros días gracias a la lactancia materna, sino porque tenemos obstáculos más que suficientes que nos imposibilitan una lactancia en libertad.

Nuestras creencias, la cultura en la que vivimos y nuestro entorno va a hacer que nuestro grado de motivación se vea seriamente afectado. Si además no contamos con los recursos adecuados para llevar a cabo nuestro objetivo no vamos a obtener los resultados esperados.

¿Es atribuible a la madre entonces que su lactancia no haya ido como ella esperaba? Como estamos viendo se necesita un sistema entero de soporte para que la lactancia se lleve a cabo con unas condiciones adecuadas y cuando una lactancia falla no es la madre la que lo ha hecho, es la sociedad entera la que le ha dado la espalda. A ella y al futuro de nuestra sociedad que son los niños.

Así, “daré el pecho si puedo” pasaría a ser, “daré el pecho si quiero, si se me informa correctamente y si me siento apoyada por mi entorno y por profesionales actualizados”.

Referencias

Encuesta Nacional de Salud España 2017, Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar social.

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El valor de enseñar a los niños a dormir bien

El valor de enseñar a los niños a dormir bien

Escrito por Mauricio Sánchez

8 de septiembre de 2021

El valor de enseñar a las niñas y niños a dormir bien

Dormir es un proceso natural necesario para nuestra sobrevivencia; no obstante, muchas personas no dedican el tiempo suficiente a su sueño; o si lo hacen, éste se desarrolla de forma inadecuada o inconstante, deteriorando la calidad de su descanso. Dormir cumple un papel muy importante en el óptimo funcionamiento físico y mental de todos los seres humanos; por lo que un “mal sueño” puede tener graves consecuencias a mediano y largo plazo. 

Tomando en cuenta esto, es importante conocer la clase de efectos que un sueño deficiente provoca en aquellas niñas y niños que lo padecen; considerando que su cerebro aún se encuentra en desarrollo. De igual forma, es fundamental entender cuáles son los factores involucrados en la desorganización de los hábitos de sueño, así como la forma y alcance en que los padres pueden ayudar a sus hijos para mejorar su descanso.

Dormir implica un proceso activo que ayuda a la reorganización del cerebro y sus funciones.

¿Por qué es importante dormir?

Diversas investigaciones han concluido que la finalidad principal del sueño es la recuperación del organismo al reorganizar todos los elementos que se han utilizado durante la jornada diaria. Además, se ha comprobado que el dormir aumenta la creatividad, consolida la memoria, mejora la habilidad para resolver problemas, agudiza la velocidad de reacción e incluso mejora nuestra apariencia general (Zada, et.al 2019; Cheng, et.al 2020; Stepan, Altman, Fenn, 2020). Aunado a esto, estudios recientes han sugerido que, durante el sueño, el ADN de nuestras neuronas se repara, ejecutándose una función de “reinicio” para el siguiente día (Zada, et.al 2019).

Considerando todas sus funciones, es innegable la importancia que tiene un sueño reparador para el desarrollo y rendimiento diario de los niños. En este sentido, dormir implica un proceso activo que ayuda a la reorganización del cerebro y sus funciones, por lo que mantener una buena higiene del sueño debe ser una prioridad en la educación de todo pequeño.

Aunque las circunstancias que rodean a cada niño y niña pueden ser muy distintas, existe un acuerdo entre expertos y profesionales de la salud mental sobre el número de horas mínimo que todo menor debe dormir. De esta forma, niñas y niños pequeños de 3 a 5 años deben tener de 10 a 13 horas de sueño de buena calidad, las cuales pueden incluir una siesta; mientras que el límite en menores más grandes, de 6 a 12 años, es aproximadamente de 9 a 12 horas diarias según los expertos (Organización Mundial de la Salud, 2019; Cheng, et.al 2020). Cabe señalar que un factor importante en la efectividad de dichas horas de descanso radica en la existencia de horarios regulares para dormir y despertar. 

¿Qué pasa cuando un niño no duerme bien?

La deprivación de sueño impacta de forma directa distintos procesos cognitivos como la memoria, la atención y la habilidad para realizar tareas en secuencia (Stepan, Altman, Fenn, 2020). Por lo tanto, cualquier pequeño que no duerma de manera apropiada verá limitado su rendimiento en actividades de cualquier clase; ya sean estas de tipo académico o formen parte de su rutina diaria. Además, el agotamiento lo hará menos resistente a la frustración, sometiéndolo a un círculo vicioso que obstaculizará cualquier clase de aprendizaje.

Los menores que no duermen las horas suficientes pueden ser más sensibles a padecer afecciones como depresión, ansiedad, comportamiento impulsivo y bajo rendimiento cognitivo.

Por otro lado, la falta de sueño está relacionada con el desarrollo de trastornos del ánimo y conductas disfuncionales en niños. En este sentido, los menores que no duermen las horas suficientes pueden ser más sensibles a padecer afecciones como depresión, ansiedad, comportamiento impulsivo y bajo rendimiento cognitivo (Willis, Gregory, 2015; Cheng, et.al 2020).

Es importante destacar que los síntomas que sufren algunas niñas y niños que no duermen bien durante periodos prolongados, pueden manifestarse aún después de que sus hábitos de sueño son corregidos; cuestión que refleja la profundidad del daño que la deprivación de sueño puede ocasionar en el desarrollo físico y psicológico de las y los menores afectados.

La importancia de enseñar a dormir

Considerando todo lo anterior, resulta muy claro que la enseñanza de hábitos saludables de sueño debe ser una prioridad en la educación de los pequeños dentro de casa. En este sentido, comenzar desde una edad temprana y no descuidar la disciplina al respecto, son factores esenciales en el desarrollo de una buena higiene del sueño que logre mantenerse en fases posteriores de la vida de los hijos (Organización Mundial de la Salud, 2019; Peltz, Rogge, Connolly, 2020). Ante esto, cabe señalar que los trastornos de sueño son también un problema importante entre los adolescentes, asociándose con el desarrollo de padecimientos depresivos y ansiosos, así como con el bajo rendimiento académico y la incurrencia en conductas descuidadas y autodestructivas durante esta edad (Carrillo, et.al 2018; Peltz, Rogge, Connolly, 2020). 

Es muy importante señalar que el factor más común relacionado con alteraciones de sueño en niños y niñas, es la ausencia de reglas claras a la hora de dormir, tanto en horario como en los factores asociados a esta actividad. Dicha cuestión, incluso supera la influencia del consumo de azúcar y cafeína, o el uso de pantallas antes de ir a la cama (Organización Mundial de la Salud, 2019; Peltz, Rogge, Connolly, 2020; Cheng, et.al 2020). Esto nos presenta el establecimiento de normas firmes a la hora de acostarse como la solución más sólida frente al creciente problema de deprivación de sueño en niños, niñas y jóvenes. En este sentido, es posible sugerir algunas pautas que los padres podrían seguir al establecer dichas reglas:

  • El horario de sueño (tanto el momento de ir a dormir, como el de despertarse) debe realizarse en horas fijas.
  • El lapso de sueño debe comenzar a una hora razonable, y no ser más corto o exceder las necesidades de los menores.
  • No permitir periodos de sueño más cortos con la expectativa de recuperarlos más adelante.
  • Las siestas también deben respetar horarios fijos, y no utilizarlas eventualmente para “reponer” horas de sueño perdidas.
  • Es importante utilizar la cama sólo para dormir. Es decir, no emplearla para otras actividades, como la realización de trabajos escolares, comer o mirar contenidos en cualquier tipo de pantalla.
  • Nunca llevar dispositivos electrónicos a la cama a la hora de dormir.
  • Realizar actividad física durante el día. Preferentemente en las mañanas y nunca en la noche.
  • Cenar por lo menos dos horas antes de dormir.
  • No consumir alimentos con cafeína después de las 5 de la tarde.
  • Evitar el celular o la televisión en caso de despertarse en la noche.
  • Crear una rutina sistemática, sencilla y relativamente rígida para antes de ir a dormir.

(Organización Mundial de la Salud, 2019; Peltz, Rogge, Connolly, 2020; Cheng, et.al 2020).

Los buenos hábitos de sueño se enseñan con el ejemplo

Finalmente, es importante recordar que, en materia de educación, la mejor forma de enseñanza es con el ejemplo. Muchas veces, los menores con algún trastorno de sueño o hábitos inadecuados al dormir provienen de hogares donde estas condiciones también afectan a los demás miembros de la familia (Feitosa, et.al 2021). En este sentido, enseñar a dormir a nuestras niñas y niños puede significar también aprender uno mismo a hacerlo de manera saludable. Esto puede brindarnos no sólo la oportunidad de otorgarle un mejor futuro a nuestros hijos, sino, además, una oportunidad de mejorar nuestra propia calidad de vida.

Referencias

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Las emociones en los niños

Las Emociones en los Niños

8 de septiembre de 2021

Las emociones en los niños

¿Alguna vez has imaginado cómo será tu hijo o hija cuando sea un adulto? Tal vez hayas fantaseado visualizándolo, siendo un hombre o una mujer, moviéndose por el mundo de forma autónoma, realizando alguna tarea o teniendo un empleo exitoso relacionado con aquello que hoy parecen ser sus mejores habilidades. Quienes acompañamos la crianza de un niño o niña, sabemos que esta tarea tiene en sus cimientos nuestro más genuino deseo de lograr que ese pequeño, en un futuro, se transforme en un adulto feliz y exitoso. 

Buscamos una buena escuela, esperamos que aprendan a leer y a escribir, a razonar las matemáticas, a conocer las ciencias, a hablar y comprender otros idiomas entre otras tantas otras cosas. Invertimos muchas horas, dinero y esfuerzo para ofrecerles todo lo que esté a nuestro alcance con el objetivo de que puedan estudiar e incorporar la mayor cantidad de conocimientos.

Muchas veces nos limitamos a condenar las conductas de nuestros hijos/as, pero enseñar no es lo mismo que castigar.

Hacemos esto porque sabemos que les será útil para la vida, pero también, porque vivimos en un tiempo en el que nuestros pensamientos, nuestros saberes académicos son sobrevalorados por sobre otros aspectos constituyentes de los seres humanos. Así es como muchas veces, atravesados por el reinado de la cultura de la razón, desatendemos un aspecto fundamental que necesitarán trabajar para alcanzar esa vida que soñamos para ellos: Las Emociones. 

Evolución de las Emociones

Desde los primeros días de vida, e incluso antes de haber nacido, los humanos experimentamos emociones. Podemos ver cómo un bebe manifiesta de forma innata alegría al ver la cara de su mamá o se tensiona y llora frente a un rostro desconocido. Los niños también tienen la necesidad de expresar de forma instantánea e impulsiva sus emociones, pero los adultos sabemos que, como seres sociales, no podemos permitirles funcionar de esa manera por siempre y que tenemos que enseñarles nuevas formas para regular esos aspectos tan primitivos de los humanos. Muchas veces nos limitamos a condenar las conductas de nuestros hijos/as, pero enseñar no es lo mismo que castigar y así nos perdemos de dar un paso más y ver qué se esconde detrás de esa emoción. 

Muchos de nosotros no nos hemos criado en entornos en los que se nos enseñó a trabajar y gestionar nuestras propias emociones. Incluso, quizás algunos pretendamos hacer algo bastante diferente de lo que han hecho nuestros padres cuando fuimos niños y nos sentimos totalmente abatidos, sin un modelo a seguir, arrasados frente a la emoción de nuestros hijos.  No parece haber demasiados problemas cuando esas emociones son las que conocemos como positivas. Si nuestros niños sienten alegría, probablemente no tengamos mucho para cuestionarnos. Pero ¿qué sucede cuando aparecen aquellas emociones que tienen tan mala fama como el miedo, la tristeza, la ira o el asco? Muchas veces no sabemos qué hacer, no contamos con recursos, entonces las evadimos, las negamos, las disfrazamos o incluso sin querer, a veces las condenamos. Quizás por desconocer el papel fundamental que ellas cumplen al ser una puerta de acceso al autoconocimiento y ofrecerles la posibilidad de evolucionar, desarrollando herramientas para tolerar frustraciones y situaciones adversas. 

Inteligencia Emocional

Solemos pensar en la inteligencia de forma racional como la capacidad de adquirir, retener información o de resolver diversos problemas. Sin embargo, esa solo es un tipo de inteligencia: la inteligencia cognitiva, esa que podemos medir con un coeficiente intelectual.  Pero no es la única que tenemos. Hay otras, varias, y entre ellas la Inteligencia Emocional. Ésta no sólo nos permite percibir, valorar, expresar las emociones propias y de los otros, sino también nos otorga la capacidad de gestionarlas.

Es importante que tengamos en cuenta que muchas veces, del mismo modo que lo hacemos los adultos, los niños necesitan enmascarar y disfrazar algunas emociones.

Como toda inteligencia, requiere ser estimulada, trabajada, por eso como les pedimos a nuestros hijos que pasen muchas horas estudiando, ejercitando tareas escolares, del mismo modo sería bueno que los ayudáramos a estimular su inteligencia emocional. En primer lugar, porque ninguna de esas tareas sería posible sin las emociones. Ellas son las principales aliadas en los procesos de aprendizaje y, en segundo lugar, porque son la base de las habilidades sociales que les van a posibilitar una vida plena con ellos mismos y con su entorno. Es por ello que debemos ayudarles a que puedan desarrollar el autocontrol, la empatía, la gratificación postergada, el entusiasmo, y a gestionar el aburrimiento y la angustia. 

No existen recetas únicas ni mágicas para estimular la inteligencia emocional. Simplemente porque no existen dos niños o niñas iguales, ni dos vidas repetidas, es que debemos estar atentos al momento en el que ellos nos ofrezcan la posibilidad de trabajar sobre cada una de esas destrezas. Sabiendo que lo mejor que podemos hacer frente a la emoción de nuestros hijos es ayudarlos a observarlas, a reconocerlas, a ordenarlas sin empujarlas, a transitarlas, aun cuando ese proceso resulte incómodo. Aceptar que están ahí, evitando minimizarlas o racionalizarlas instantáneamente. Preguntándoles qué sienten, ayudándolos a que puedan alfabetizarlas como sea, con las palabras que puedan, acompañando y aceptando el valor penetrante que puedan tener para ellos.

En este proceso es importante que tengamos en cuenta que muchas veces, del mismo modo que lo hacemos los adultos, los niños necesitan enmascarar y disfrazar algunas emociones. A veces no podrán decir con honestidad lo que sienten, y nos hablarán de otras cuestiones, o pondrán el foco en algún hecho secundario. 

El arte. Una vía de acceso 

El juego, el dibujo y la literatura infantil nos ofrecen recursos inmensurables, en tanto vías de acceso a esa profundidad. Dibujar aquello que sienten, actuar las emociones camuflados en la interpretación del rol de ¨alguien o algo¨, escuchar o leer en un libro lo que le sucede al personaje, identificándose con él, son los mejores recursos que podemos ofrecerles como vías de escape, pero también de acceso a sus emociones. Debemos saber que necesitan tiempo, escucha y sobre todo saberse respetados y no juzgados, para entonces bajar la guardia y apropiarse de aquello que sienten de forma genuina. 

Pero he aquí la parte más difícil de nuestra tarea como padres y madres, porque debemos en paralelo poder realizar ese trabajo también en nosotros mismos, preguntándonos y reconociendo qué nos sucede con eso que están sintiendo ellos. 

Un proceso compartido

Escuchar o ver a nuestros hijos o hijas pegar, romper o llorar, mientras nos cuentan algo super triste, despierta en nosotros emociones que muchas veces si no las trabajamos, nos dejan sin palabras, sin recursos, llevándonos a tener una reacción tan impulsiva como la de ellos en sus primeros años. 

Entonces ¿qué podemos hacer? En primer lugar, saber que tu hijo no espera que seas un robot, puedes necesitar algo de tiempo para poder tramitar el torbellino que ellas generaron en ti y es necesario que puedas dártelo, para entonces poder estar disponible para acompañarlos. Otras veces, puedes transitar tu emoción junto con ellos, poniéndole tú también palabras a lo que sientes ante esa situación, pero consciente de tu rol como adulto responsable de ser su guía emocional, mostrándoles la manera de gestionar y controlar sus efectos. 

Cuando aceptamos nuestras emociones y las de nuestros hijos/as, podemos dar el gran salto porque logramos entender qué hay detrás de ellas, ya que nunca vienen solas. Siempre nos plantean una situación, nos traen información. Si les abrimos la puerta -en vez de atrincherarnos frente a ellas-, ofreciéndoles a nuestros hijos que entren de nuestra mano, sin miedo a sentir aquello que se presente, y trabajamos junto a ellos en descubrir qué hay detrás de aquello que están sintiendo, los estaremos guiando para que logren desenmarañar el verdadero origen de esos sentimientos. Cuando los ayudamos a lograr que razón y emoción se encuentren sintiendo, pero a la vez pensando en aquello que sienten y en lo que harán con esos sentimientos, estaremos estimulando su inteligencia emocional, ayudando a que esas emociones negativas no se acumulen y generen frustraciones y evitando que se traduzcan en una conducta impulsiva y desorganizada. Pero, sobre todo, habremos cumplido nuestra tarea: colaborar en la construcción de los dos pilares fundamentales e inseparables entre los que deberán moverse y sostenerse esas personitas en un futuro, la razón y la emoción. 

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