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«Daré el pecho si puedo»

"Daré el pecho si puedo"

Escrito por Andrea López

8 de octubre de 2021

¿Por qué dudamos de la capacidad de amamantar?

Cuando una mujer está embarazada y le preguntan si dará el pecho a su bebé la respuesta que nos encontramos habitualmente suele ser esta: “Daré el pecho si puedo”. Es una respuesta dubitativa, tenemos intención de dar el pecho, pero no estamos seguras si vamos a poder llevarlo a cabo satisfactoriamente. Estamos dudando de nuestra capacidad y, no nos produce excesiva preocupación el no poder hacerlo porque conocemos alternativas a la leche materna.

Y es que esta respuesta no es casual, al contrario, dice mucho del momento social en el que vivimos y enmarca dónde se encuentra situada la lactancia hoy en día.

Si le hacemos esta misma pregunta a los miembros de una tribu que conserva sus costumbres y cultura su respuesta sería muy distinta. ¿Por qué iban a dudar de la capacidad que la naturaleza les ha dado para alimentar a sus hijos? ¿Cómo sobrevivirían entonces? Sería un planteamiento incompresible para ellos y quedaría totalmente fuera de contexto.

Casi el 74% de las madres dan pecho a su bebé de 6 semanas mientras que sólo el 39% lo sigue haciendo a los 6 meses de edad.

Entonces, ¿por qué nosotros que, si bien no tenemos las mismas condiciones de vida que los miembros de la tribu, pero compartimos con ellos biología y anatomía dudamos de nuestra capacidad para amamantar?

Hagamos un repaso por los distintos factores que nos han llevado a ello.

Según la última Encuesta Nacional de Salud de España del 2017 casi el 74% de las madres dan pecho a su bebé de 6 semanas mientras que sólo el 39% lo sigue haciendo a los 6 meses de edad. Recordemos que la Organización Mundial de la Salud establece la duración de la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida del bebé, hasta el año como alimento principal y su continuación hasta los dos años como mínimo.

Como estamos viendo las estadísticas reflejan que muchas lactancias se van quedando por el camino y no se está consiguiendo una duración óptima de ella. De las lactancias que superan los 6 meses de edad ni siquiera hay datos.

Afortunadamente la leche artificial ha ido mejorando su formulación y gracias a vivir en un país desarrollado, donde en la mayoría de los casos las condiciones higiénicas son seguras para preparar estas fórmulas, muchos bebés han podido sobrevivir y beneficiarse de ellas. Pero ¿hasta qué punto debemos considerarla como la alternativa predominante?

Cuando una madre dice “Intentaré darle pecho y si no puedo usaré la fórmula” está mostrando la lactancia artificial como la opción segura y permanente quedando la lactancia materna en un plano residual.

La fórmula que en un principio se ideó para ser usado como si de un medicamento se tratase pasó a producirse en masa y a comercializarse en superficies comerciales llegando así a la población general.

El planteamiento de su uso lógico y razonable para las madres que quieren dar pecho sería algo así como “Le daré pecho y si fuese necesario por recomendación médica recurriré a ella en un momento determinado y puntual”. Pues estaría más en concordancia con el uso real de esta que no es otro sino para situaciones médicas.

Como es legítimo que cada familia decida sobre la forma en la que quiere alimentar a su bebé aquellas que opten por la lactancia artificial tienen el derecho a recibir información imparcial y no sujeta a intereses comerciales con el fin de poder tomar una decisión informada.

¿Qué nos ha llevado a pensar que la fórmula es una opción igual de válida a la leche materna?

El gran interés de las compañías de leche de fórmula en vender sus productos a través de millonarias campañas de marketing nos ha hecho creer que el producto es una alternativa comparable a la leche materna. El objetivo de estas campañas ha sido desde familias a profesionales sanitarios pasando por todos los sectores de nuestra sociedad. Así, no es de extrañar que a la respuesta de: “Daré el pecho si puedo” se le añada esta coletilla, “Y si no, no pasa nada porque con biberón se crían igual”.

Atribuir a la leche de fórmula propiedades similares a la leche materna y promocionarla como una alternativa igual de válida es algo que llevan haciendo estas compañías durante décadas y que afortunadamente ahora está prohibido por ley.

Aun así, ya sabemos que cuando un argumento falso se repite muchas veces y se mantiene en el tiempo acaba considerándose cierto. Y esto es lo que se ha transmitido hasta nuestros días.

La cultura del biberón

Estamos inmersos en la cultura del biberón y todo lo que nos rodea va encaminado a la lactancia artificial. ¿Cuántas muñecas habéis visto que vengan con sus discos de lactancia o su extractor de leche? ¿Cuántas Barbies vienen equipadas con su sujetador de lactancia y con un bebe con la boca bien abierta para hacer un buen acople al pecho en vez de con un agujerito en la boca para insertar un biberón o una chupeta?

En series y películas no se dejan ver muchos pechos lactantes y por la calle, aunque cada vez es más habitual ver bebés tomando pecho, no es usual verlos más allá del año.

Aún hay muchos profesionales desactualizados en la materia, aunque afortunadamente este número va en descenso.

Son muchas las madres que el primer bebé al que han visto amamantar ha sido el suyo. Y es que no hemos crecido viendo a los niños mamar de la teta de sus madres.

¿Cuántas madres al ir a su médico por un problema de lactancia este les ha valorado una toma viendo si su bebé estaba correctamente colocado al pecho y si la transferencia de leche era buena? Lo habitual es que ante cualquier problema se pase por alto la lactancia y se recomiende leche artificial pues por desgracia aún hay muchos profesionales desactualizados en la materia, aunque afortunadamente este número va en descenso.

Los eslóganes publicitarios de las compañías de fórmula: “Similar a la leche materna”, “40 años de investigación en lactancia materna”, “todo lo que tú bebé necesita”, hacen que sigamos considerando sus productos como una parte necesaria en la alimentación infantil.

Molestar al bebé que se halla plácidamente dormido con el pecho en su boca para hacerlo eructar religiosamente después de cada toma también es una costumbre traída de la época de nuestras madres y abuelas en las que el biberón era el protagonista.

Al igual que de nuestro entorno no solemos recibir la ayuda adecuada, por parte de nuestros empleadores la situación no es mucho mejor. Escasa duración de las bajas maternales, inferiores a los 6 meses que determina la OMS para la lactancia exclusiva, hacen que si no se había abandonado antes la lactancia por otros motivos se nos plantee hacerlo tras la incorporación al mundo laboral debido a las rigideces que se imponen.

La presión del entorno

Es por ello que la respuesta “daré el pecho si puedo” cobra más sentido que nunca en todo este contexto. No porque biológicamente no tengamos capacidad para ello, que si la tenemos como mamíferos que somos y como especie que ha sobrevivido hasta nuestros días gracias a la lactancia materna, sino porque tenemos obstáculos más que suficientes que nos imposibilitan una lactancia en libertad.

Nuestras creencias, la cultura en la que vivimos y nuestro entorno va a hacer que nuestro grado de motivación se vea seriamente afectado. Si además no contamos con los recursos adecuados para llevar a cabo nuestro objetivo no vamos a obtener los resultados esperados.

¿Es atribuible a la madre entonces que su lactancia no haya ido como ella esperaba? Como estamos viendo se necesita un sistema entero de soporte para que la lactancia se lleve a cabo con unas condiciones adecuadas y cuando una lactancia falla no es la madre la que lo ha hecho, es la sociedad entera la que le ha dado la espalda. A ella y al futuro de nuestra sociedad que son los niños.

Así, “daré el pecho si puedo” pasaría a ser, “daré el pecho si quiero, si se me informa correctamente y si me siento apoyada por mi entorno y por profesionales actualizados”.

Referencias

Encuesta Nacional de Salud España 2017, Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar social.

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